Creo que no he dicho que somos tres hermanas. Tres estupendas señoritas...Tres mujeres como no hay tres (tómese en la acepción que se quiera)...Tres eran tres las hijas de mi madre, y según ella, o sea mi madre, o sea la madre de las tres, lo que somos es TRES FIERAS CORRUPIAS ( pero eso según mi madre). Y, aunque yo sé que nos quiere mucho, pero mucho, de vez en cuando nos llama eso, lo de fieras, pero con un cariño inmenso, estoy segura.

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Bueno...puede que tenga algo de razón ( las madres, dicen por ahí, no se equivocan....¡vaya por Diossss!!!).

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De hecho, recordando ciertos detallitttos de nuestra vida hermanil conjunta, me ha venido a la cabeza alguna que otra cosa, sin importancia, cosas de “niñas” ( No esperaréis que os cuente las verdaderas barrabasadas ...¿verdad?).

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Un día cualquiera, cuando las tres mujeres éramos niñas, y asistíamos al cole como todo hijo pichi.

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Nos levantábamos a las 7,30 am...(am??...am??...pero qué chorradas digo!!, lo de “am” , por mucho que digan, no se lleva por aquí nada de nada. Vamos, que a las 7,30 en punto nos tocaban diana). Ahí empezaba el tira y afloja...Que si tú primera, que si de eso nada, que lo mando yo que soy la mayor, pues si tú eres “mi” mayor, yo soy la mayor de la que me sigue, así que, que se levante la última en llegar a esta casa...Y así un día tras otro. Eso sí, nos batíamos el cobre nosotras solitas, porque mis padres un buen día decidieron que “pasaban”, mientras a las 8 y media estuviéramos listas, el cómo, el cuándo y el orden en hacerlo, les daba absolutamente lo mismo. Y cada día, también es cierto, a las 8,30 h, minuto arriba, minuto abajo, estábamos las tres como un clavo, saliendo por la puerta.

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Como íbamos con la hora pegada al culo, no nos daba tiempo desayunar en casa, por lo que mi buena madre le daba “pasta” a mi hermana mayor ( ahh!, no he especificado que yo soy la mediana la de las tres, la nº 2). La “pasta”, “guita”, pesetas o duros, como se quiera llamar, mi madre se la daba a mi hermana para que, de camino al colegio, comprara el suministro alimenticio para el recreo.

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Y aquí de nuevo teníamos otro tira y afloja. Pero éste era ya un poco más tipo tirón y de los fuertes.

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Claro, la mayor, la que tenía en su poder el poder del capital, quería hacer de su capa un sayo, vamos, comprarnos a mi otra hermana, la pequeña, y a mí, los bollos más baratos posibles para así ella sisar para el fin de semana, aumentando su paga a nuestra costa.

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-Ahhh!!!....no!!!...de eso nada!!... ( ésto lo decía la hermana nº 2, la menda) yo no quiero la miseria de bollito que me quieres endilgar...quiero un bollo doble, y con chocolate, y...

-JA!!, tú te llevarás lo que yo te compre. ( hermana nº 1)

-Una mierrrrda –hermana nº 2( como mi madre no estaba delante, pues me permitía decir estas cosas). Como no me compres el piscolabis que me dé de ojo, no me muevo de la pastelería. ( Esta amenaza surtía efecto, porque si llegaba tarde al cole la castigaban... a mí también, pero a ella, como era mayor, más)

- Eso ya lo veremos

- Pues ya lo veremos, pero te lo advierto. NO ME MUEVO Y VAS A LLEGAR TARDE

- Ah??...sí???...Entonces tendrás que irte sola y sin desayuno.

- Vale, pero luego cuando mamá se entere que me has dejado sola y que he tenido que cruzar calles llenas de peligro, arriesgando mi pequeña vida y demás, entonces sí que te vas a enterar de lo que es un castigo.

- Cómo te chives no vuelves a desayunar en la vida!!

- Cómo no me compres el bollo que quiero no vuelves a sisar en tu vida!!, y además voy y me chivo. Tú verás.

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A todo esto, la hermana nº 3, haciendo como que no se enteraba de nada, nos dejaba enzarzarnos quedándose calladita...¡qué lista la jodía!!...con eso de que era la pequeña, se aprovechaba de la situación, porque claro, lo que yo consiguiera, era tanto para mí como para ella. Si había bollo doble, era para las dos...Si había además chocolate...era para las dos...Si eran donuts, uno con y otro sin ( chocolate), para las dos...Se apuntaba al carro cagando leches. Con que tooooodos los días teníamos esta pequeña charlita de camino al cole. Unos días ganaba ella, la mayor, la “namber guan” y otros días yo, la “namber chu” dependiendo del interés de cada una en llegar pronto, el día que correspondiera en concreto, al colegio.

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Bien, después de la negociación concerniente al suministro alimenticio, negociación en la que ya he dicho que mi hermana pequeña no entraba para nada, y teniendo en cuenta que había alcanzado su objetivo a través de mí, salíamos de la pastelería, y esta hermana que parecía que no se había enterado de nada, y ya con el bollo en la mano ( no en la cartera, este detalle es importante), tiraba la cartera al suelo y decía sin quedarle otra: “ pesa mucho mi cartera y ya no puedo más, así que aquí se queda, yo no la llevo”.

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-Cómooooooo?????? ( hermana mayor, un poco desesperada y harta, después de la ardua negociación fraternal habida conmigo en la primera parte del camino al cole.)

- .......................... ( No se me ha olvidado poner lo que decía mi hermana pequeña, es que no decía nada.)

- Coge la cartera ahora mismo!!

- ..........................

- Qué te he dicho que cojas la cartera!!

- .........................

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Mi hermana pequeña, con el bollo en la mano, tiraba de najas, camino del colegio. La cartera seguía en el suelo, tirada. Mi hermana mayor desquiciada de los nervios ( por aquél entonces ella debía tener como 12 –13 años, yo cuatro años y medio menos, y la otra, dos años y medio menos que yo. Hummmm, parece un problema de matemáticas), y yo, intentando escaquearme porque la siguiente era:

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-Coge tú la cartera y vamos ( eso me lo decía a mí...A MÍ!!)

-No

-¿Quéee?

-Qué no, que tú eres la mayor.

-Pues por eso, porque soy la mayor y te lo mando.

-Pues no, porque eres la mayor y la más grande, y tienes más fuerza, así que la llevas tú...O me voy sola y luego se lo digo a mamá y....

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Tras un bufido que se oía hasta en el mismo colegio, el orden de ida a partir de salir de la pastelería o punto intermedio del camino, era: la pequeña delante, con el bollo en la mano y sin cartera, la del medio, en medio, mirando a la pequeña, y teniendo cuidado de que la mayor no le diera una colleja en un momento de descuido, con la cartera colgada y el bollo dentro, y como final de la comitiva, la mayor, con sus libros en un brazo ( ella, que ya era “mayor”, no llevaba cartera) la cartera de la pequeña casi arrastras, un mísero panecillo como desayuno para no gastar, pero eso sí, con el “sisao” diario para aumentar la paga de la semana...

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Pero querernos, nos queríamos un montón ( nos queremos un montón), a pesar de estas pequeñas disputas diarias.

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La verdad es que tanto negociar con mi hermana me enseñó a ser una regateadora nata a la hora de realizar cualquier tipo de compra. Vamos, que hasta en el Corte Inglés se me escapa, y como allí, rebajas sobre el precio no te hacen, pues termino sacando algún que otro regalillo, por muy tonto que sea.

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Ahí va!!, con esto de los recuerdos fraternales, me estoy acordando de cómo enseñé a montar en bici a mi hermana pequeña...pero eso, aunque algunos ya saben como fue, lo cuento otro día.