BAILANDO UN TANGO
Ayyyy!!! El tango...Tan pasional, tan sensual y también tan sexual..., tan duro y tan tierno a la vez (así, por lo menos, lo vivía ella)..
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No sabía muy bien por qué le gustaba tanto, no era dada a bailoteos en general, pero el tango....el tango la volvía loca!.
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Esta especie de pasión por el tango le vino sola, sin buscarla, sin quererla, solo llegó y la atrapó.
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El sonido del bandoneón, lastimero, como un gemido melancólico que acompaña a los bailarines. Sus cuerpos entrelazados, los ojos, fijos el uno en el otro, los rostros apenas rozándose, mejilla contra mejilla, oyéndose sus propios jadeos, las manos tocándose y tocando los cuerpos..., el cuerpo que se deja llevar a la orden de una de esas manos, la que le atrapa la espalda, en un juego de los dedos....No pensar, sólo sentir y actuar, bailar, dirigida por ese hombre que le recorre desde la nuca hasta más allá de la cintura, dando unas indicaciones tan ligeras pero a la vez tan precisas y tan contundentes, que no puede hacer otra cosa más que obedecerlas y seguirle. Seguirle a él, a su pareja, a su bailarín, porque en esos momentos él es sólo suyo, y ella es ..., ella es música y tango.
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Están solos los dos, atravesando, con el bandoneón de fondo, la pista de baile sin saber ni donde se encuentran...Tampoco les importa.
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Y es que cuando bailaba un tango se olvidaba de ella misma, se convertía en un cuerpo fundido con otro, acariciado por otro, y esta sensación era la que la llevaba, la que la empujaba a perder el sentido y la realidad. Y digo empujaba, porque se perdía de tal manera que, había veces, que no quería bailar...
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Pero en cuanto sonaban las primeras notas de un tango, y un bailarín le extendía la mano, entre orden y súplica, era como una droga, ella ya no podía hacer nada más que dársela, posar la suya en la de él, dejarse abrazar y, a partir de ahí, esperar el más mínimo gesto que sintiera en su espalda, y transformarlo en un paso de baile...en el paso de baile que él le mandaba, le pedía.
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Así se bailaba esta danza, él mandando, ella dejándose llevar..., con minúsculas órdenes que le llegaban a través de su piel, de sus curvas, y subían como un latigazo hasta el cerebro.
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¿Por qué se le trastocaba la razón al son de un tango?? ¿por qué?? ¿qué era lo que tenía aquella música y aquel baile?.
Nadie que lo hubiera experimentado en algún momento había podido resistirse a esta magia, igual que, nadie que no lo hubiera bailado nunca, podía entender esta ebullición de pasiones mientras se marcaban los pasos.
No se atrevía a contar esa espiral que la envolvía...¿para qué? ¿quién lo iba a entender?...
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Un ritual de seducción, quizá fuera eso, un ritual de seducción donde era, seducida y seductora.
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A ella le hubiera encantando haberlo podido hacer con su hombre, pero su hombre no bailaba, nunca, nada, y menos aún el tango...Y ella tenía miedo de sucumbir ante un buen bailarín de tango.
Sabía que corría el peligro de confundir a la persona con la pareja de baile, y sí, cada vez que giraba y giraba, con sus zapatos atados al tobillo, su liga sobre las medias, el vestido pegado a su cuerpo como una segunda piel, con esa abertura hasta el muslo, creía que se había vuelto a enamorar...
Y su hombre, el de todos los días, no se daba cuenta...No se daba cuenta que cada vez que ella bailaba un tango, no lo bailaba, lo "hacía", como se hace el amor .
Historia rescatada de mi particular "Cementerio de palabras". Historias que voy desenterrando poco a poco para traerlas a este mundo, intentado darles un pequeño soplo de vida.














modeman dijo
uff que sexy yo soy mas de la musica electronica
4 Julio 2007 | 11:16 AM