LLEGUÉ, VI Y...VOLVÍ
Poz zi...LLegué...vi...esquié...y volví. Y por aquí estoy de nuevo.
Todo ha ído muy bien.
Vaale...más o menos bien.
Meteorológicamente hablando, ha habido días para todos los gustos. Uno de ellos, el primero en concreto, la estación estuvo cerrada por viento ( ¿a qué ya sabéis dónde he estado?...Sí, claro, en "esa" estación de esquí, por el sur, que cierrran de vez en cuando, vamos, más habitualmente que las otras, porque hace una aire que se las pela...sí, en esa), otro día un sol expléndido, otro más nevando y con niebla, el siguiente sol y sombra, y el último otra vez sol...O sea, para todos los gustos, como ya he dicho.
Ayer me fue imposible pasar a visitaros. Estuve toooodo el santo día poniendo y quitando lavadoras. No lo que es la lavadora en sí misma, evidentemente, sino la ropa que metía dentro de la lavadora para lavar y que después tendía, y que después volvía a lavar ( no la misma ropa, no... otra ropa...), y que de nuevo tendía...etc..etc..etc...
Por cierto...hablando de lavadoras...acabo de recordar una historieta que me sucedió no hace mucho tiempo precisamente con este aparato casero...¿que vosotros no la conoceís?...Pues ahora mismo os la cuento....(hummm...La Trasto y el Náufrago están exentos...ellos creo que si la conocen)
Fue un aciago día aquél en el que mi lavadora, la anterior, decidió palmarla, y ocurrió lo siguiente:
" Mi lavadora era una buena lavadora ( buena porque se portaba bien, no porque fuera la "top" de las lavadoras), comprada en una tienda de esas que te venden electrodomésticos con algún pequeño defectillo de “chapa”. Ha durado lo suyo, realizando de manera conveniente todas las funciones para las que fue comprada. Pero ayer, dijo “ hasta aquí he llegado bonitttta, se acabó, no lavo ni un solo calcetín más” y dicho y hecho.
Bueno, quizá me llevaba avisando desde hacía unos días, pero no quise hacerle caso. Ya se sabe que si te haces blanda, te comen... Estoy pensando que a lo mejor me pasé un poco...Es que justo antes de irme de vacaciones ( sí, fue en otras vacaciones), le calcé una tanda de toallas, sin anestesia, a lo bestia, y le metí 90º C a “tuti plen”, con un par!!, y no de calcetines...Debió ser que fue excesivo para la pobre, porque a partir de ahí, cada vez que intentaba que trabajara un poco se vengaba echándome agua por el suelo, y, como ya digo, no le hice ni caso, solo me plantaba delante de ella y le soltaba “ ya pararás guapa, ya pararás.... a ver quién tiene más paciencia, si tú o yo”, y todo esto con la fregona en la mano dale que te pego recogiendo agua.
Bueno, pues como lo que hizo ayer fue ya mortal de necesidad, porque no es que me escupiera un poquito de agua, nooo, sino que me la lanzó cual catarata, le “indiqué” a mi chico: Oye, cariño, tenemos un problemilla con la lavadora, así que LA ARREGLAS o LA ARREGLAS, ¿te parece bien, mi vida?.
Supongo que esta frasecilla dicha sin malicia ( vaaaale, un poco autoritaria, pero sin malicia) me costó sufrir lo que voy a contar a continuación.
En primer lugar, sacamos la lavadora de su sitio, ya sabéis, como no hay ni hueco para los dedos, con las uñas agarras el frontal y tiras en zig-zag( no Zig-zag, del blog Zig-zag...Ehh!!!...Zig...no creo que leas esto, pero por si acaso, no va por ti, no te des por aludido...¿vale?) hasta que consigues moverla un centímetro...escaso, pero un centímetro...luego ya es todo muuuucho más fácil, ahora ya caben las yemas de los dedos, y cual escalador de esos que se cuelgan por la montaña con las primeras falanges, te agarras a los laterales del aparato y vuelves a tirar, en zig-zag, de frente, en zig-zag, da igual, como sea, pero tiras, hasta que llegas al tope que te permiten los tubos que van por detrás enganchados a sus respectivas tomas, y cuando te crees que los vas a arrancar de cuajo, entonces alguien chilla (en este caso yo) “para, para, yaaa, yaaaa....estooo, ¿has cerrado la llave de paso de agua a la lavadora?” Glups!!!! Pues no”....A puntito estuvimos de tener la Fontana de Trevi en mitad de la cocina....pero no, hubo suerte y paramos de tirar antes de que se rompiera la goma-tubo.
Segundo paso...comprobar por donde narices se salía el agua, por si era algo sencillo.
Vuelve a abrir la llave de paso, da el agua, pon en marcha la lavadora, y.... “párala, por Dios, párala, corta el agua, haz algo, que nos inundamos”, perdía el agua justo por debajo, por un gomón-fuelle que tienen estos trastos, y que creo que me lo fundí cuando le metí los 90º C... bueno, bueno, eso no viene al caso.
Vamos con la tercera parte. Visto lo visto, o sea que no tenía solución, pues estábamos sin lavadora “chez moi”, peeeero, hete aquí, que por razones que tampoco vienen al caso, en el garaje tenía otra lavadora prácticamente nueva..... “¡Pues que bien!!”, dije, “la cambiamos y ya está”....La cambiaaamos, la cambiaaamos, la cambiaaaamos......¡Literal el tiempo de verbo!, en plural, la cambiamos, o sea el fortachón del norte de mi chico y, una delicada y, y, y...ejem...y yo.
Esta debió ser la venganza por la frasecita del principio, la de LA ARREGLAS O LA ARREGLAS. Intenté convencerle para llamar a un vecino, que también está fuertecito y tal, pero él, que no, que entre los dos podemos, que no hace falta....!¡QUE TE HE DICHO QUE NO LLAMES A NADIE!!....Bueno, vale...tragué saliva ( estas son las cosas que tengo que asumir por ser tan chulita), y haciendo gala de mi "poderío" verbal, que no de otro, le dije “pues los dos ssssolitossss, ¡¡ HALA !!, tira, ¿por donde empezamos?”....
Metimos una manta por debajo de la puñetera lavadora, dejando un poco por cada lado, después la arrastramos hasta la puerta, ahora había que bajar siete escalones, a continuación la pendiente del garaje, y con eso ya estaba hecho...¿ya estaba hecho?..ya, ya, una cosa es contarlo y otra hacerlo.
El fortachón iba delante sujetando el “pequeño” electrodoméstico, y yo detrás empujando... A la voz de “ahora”, él cogía el peso, (¡¡aaaaaauuupa!!!) yo, tiraba de la manta (aggggg!!, ayyyy!!uffffff!!) y , clooonccc!!... bajábamos un escalón....así hasta siete. La pendiente fue de tirón encima de la manta tobogán...y ahora sí, ya estaba....Ya estaba la bajada de la lavadora rota, quedaba la subida de la otra, la nueva.
¿Subir?...¿he dicho subir? ¿siete escalones con una lavadora?...aquí casi me da un vahído, solo de pensarlo. Pero yo calladita, que me salía sangre de la lengua de mordérmela para no decir de nuevo “¿llamamos al vecino mazas?”.
Y veeeenngaaaaa...otra vez al tajo.....Coloca la lavadora encima de la manta, ya hecha una pena claro, la manta y la que suscribe, empuja y empuja y tira, cuesta arriba, y quédate delante de las escaleras mirando...y mirando...y mirando....¿y ahora qué? (maldito vecino, y maldito orgullo, y maldita sea mi estampa!!)...Ahora, pues nada, lo mismo, pero al revés...Esta vez voy yo delante, sujeto el extremo de la manta con la lavadora encima, los dedos tronchados y amoratados, y el muchachote ese, el que vive conmigo, detrás, y de nuevo a la voz de “ahooora” la levanta a peso ( yyyyy...¡vaamooos! ), yo tiro ( aaagggg!! Eh,eh,eh!! Crrrackkk!!!..la espalda, esto ha sido la espalda!!...aaaggggg!!!), y ¡escalón subido!!...así los mismos siete que habíamos bajado antes...(Cagoenlaleche!!...cuando hablas de siete enanitos en vez de siete escaloncitos la cosa suena mejor...)
¡Por finnnnnn! Después de realizar estos esfuercillos que os he contado, la lavadora ya estaba en casa.
Lo último ya fue conectarla a sus tubitos y ver que funcionaba ( ahí vino eso de “ venga, ponla, haz que coja agua, enciéndela...pon el programa...” eso me lo decía mi chico a mí, porque él miraba el panel de control de la lavadora como si fuera el de un submarino, sin saber por donde meterle mano. En esos casos, cuando no se tiene ni idea, lo mejor, siempre, es mandar, mandárselo a otro, quiero decir, a "otra", uséase, yo misma). Y Eureka!, funcionó!
Y ya. Aquí acaba la historia de la pu...***...ta lavadora.
Gracias al cielo que la nueva "entodavía" no se ha roto y me ha permitido poner al día la ropa del último viaje. ¡¡Menos mal!!.






Raúl/imagina dijo
Un saludón amiga!!!
5 Febrero 2007 | 10:56 AM