NOCHE DE "NO" REYES MAGOS
Creo que tengo 8 años.
Estoy en casa, mirando la televisión. Mientras, mi madre, me está preparando la merienda.
Bueno, pues en la tele estoy viendo a tres señores disfrazados con capas y coronas, y uno lleva un trapo en la cabeza. Me parece que se llama turbante. Se están paseando por las calles, entre los niños que todavía creen que existen los Reyes Magos.
Pero yo no.
Ya no lo creo.
Ya sé la verdad.
Los Reyes Magos no existen. Son mis papás, y me siento horroriblemente engañada. ( ¿Se dice horroriblemente? )
Ellos, mis papás, no saben que yo sé, y además, no me atrevo a decirles que sé. Creo que es mejor que no diga nada. ¿Se enfadarán porque conozco su secreto? ¿Me regañarán por haberlo averiguado? A lo mejor sí..., o no. No sé. Pero por si acaso mejor callo.
Ya es de noche, y no hago otra cosa que acordarme de todas las cartas que he escrito a los Reyes, pidiéndoles cosas, me parece que pocas, la verdad, explicándoles que había sido buena. Todos los años les he dicho, con mucho miedo, porque a veces los mayores dicen que eres malo y yo no entiendo por qué, que sí, que me he portado bien y que aunque solo fuera una cosa, por favor, por favor, solo una, quería que me la trajeran. Solo un traje de gitana, con lunares y muchos volantes. Nada más que eso, aunque el resto de cosas que les ponía en la carta no me las trajeran, el traje de gitana sí, ¡¡por favor, por favor!!.....
Ahora entiendo por qué nunca ha llegado el traje de gitana tan precioso que les pedía.
No había Reyes Magos.
Las cartas que todos los niños como yo, enviamos a S.S.M.M. Los Reyes Magos de Oriente, no se leen ¿sabéis?. Se tiran. Los buzones, esa especie de caja grande que hay en las aceras( es que me he fijado como se llaman porque lo pone fuera), con un agujero alargado para meter las cartas, los especiales para enviar cartas a los Reyes, son de mentira y no tienen fondo, por eso nunca se llenan, porque esas cartas caen directamente a la basura.
Bueno, tendré que hacer lo mismo que todos los años. Dejaré polvorones para mi Rey favorito, el de el medio, como yo, que soy la mediana de tres hermanas. También dejaré agua para el camello. Los zapatos, muy brillantes ( viejos, pero muy brillantes) delante del sillón, para que sepan donde tienen que dejar mis regalos. Siempre he querido poner zapatos nuevos. No los de todos los días, no los de ir al colegio. Pero es que, no tengo otros zapatos, porque soy muy destrozona, como dice mi madre, y no merece la pena comprarme otros zapatos más "finos" ¿¿ ??, para que los rompa en dos días. Cuando dice finos no sé muy bien a que se refiere. Yo solo los quiero bonitos, brillantes, de charol, de charol negro.
Bueno, pues eso, haré lo que hice el año pasado para que mis papás no sepan que yo sé. Mis hermanas tampoco saben que yo sé, y me pregunto si ellas conocerán el secreto de mis papás. Pero por si acaso callo.
Este año no he pedido el traje de gitana. No he pedido nada. No quiero nada. Da igual. Mañana, cuando me despierte, volveré a tener alrededor de mis zapatos usados, untados con mucho, mucho betún, los malditos cacharritos de siempre, platitos, cucharitas, tacitas... puaj!! comprados en la puerta del mercado donde mi madre va los sábados a por comida para toda la familia. Siempre me ha sorprendido que estuvieran allí, año tras año, entre el resto de los regalos. Nunca los ponía en mi carta, ni los pedía, pero todas las noches de Reyes aparecían.
Ya ves, y sin embargo, este año no me asusta que me puedan dejar carbón. En mi casa hay mucho, pero es para encender la caldera, la de la calefacción, y está en la terraza y no dentro de casa, que bien que se enfada mi madre cuando viene el carbonero y le mancha el pasillo hasta llegar al cajón. Así que, seguro, no hay carbón. Y además, mi amiguita Maite, que vive en el cuarto ( yo vivo en el segundo) no me dará envidia con la marca que le deja el beso del Rey Baltasar, que es el suyo, y que le deja marca porque es negro. ¡Que tonta! no piensa que no es verdad. El Rey negro no puede desteñir ¿no?.
Me han engañado.
No es justo.
Yo quiero que los Reyes Existan. No quiero saber.
Ya es por la mañana. Mis hermanas me despiertan chillando, y no quiero levantarme, pero no me queda más remedio. Allí están las dos, idiotas perdidas. Y mis papás que continúan con la farsa, poniendo cara de sorpresa al ver los juguetes que ellos mismos han comprado... más puaj!!
Inevitablemente vuelven a estar los cacharritos. Y no me acuerdo que más hay, aunque sé que hay otras cosas. No me importa, me da igual.
Solo quiero que acabe el día.
Me parece que estoy pensando que cuando sea mayor y tenga hijos, no haré que pasen por esto. No los engañaré. Ya está, no recuerdo más.
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Ha pasado un año, Ya tengo 9 años. Soy mayor.
Es 5 de enero. Esta noche vienen los Reyes, pero esta vez mis papás si saben que sé, y mi hermana mayor, que ya sabía, también sabe que sé. Y es gracioso, porque ahora me gusta "engañar" a mi hermana pequeña.
Resulta que me siento como un Rey Mago preparando sorpresas, leyendo la carta que ella ha enviado y comprando las cosas que se pueden comprar (mis papás ya me han explicado que no siempre hay dinerito para todo).
Ah!, bueno, el año pasado, cuando era pequeña, os decía que las cartas que se escriben se tiran a la basura..., pues no. Las recogen los papás para saber qué es lo que quieren sus hijos, y los cacharritos los compran para que tengamos mas cosas, más regalitos. Me parece que ahora hasta me gustan, los cacharritos, digo.
Hay algo más. También me he dado cuenta que NO hay tres Reyes Magos, que va, hay muchos, muchos, muchísimos Reyes. Ahora yo también lo soy, también soy un Rey Mago. Y eso es lo más mejor.
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Como supongo que mañana no tendréis tiempo para nada, os he puesto hoy esto. ¡¡Para todos vosotros, Reyes Virtuales¡¡
Que tengáis una buena noche de SÍ Reyes Magos


Cago en tó dijo
Cuando lo supe y lo comentábamos en el colegio, un amiguito me dijo que él siempre había sabido la verdad. Sus padres quisieron ser honestos y decidieron no engañarle. Nunca había vivido la ilusión de esperar a los reyes magos, porque sabía que eran sus padres quienes hacían los regalos.
En ese momento, perdoné a mis padres por haberme engañado tantos años. A pesar de la desilusión momentánea, habían sido noches de reyes inolbidables. Me alegro de que mis padres hubieran preferido engañarme.
4 Enero 2007 | 11:04 AM